Cada vez más, para mí —y es gracias a mi conciencia como he descubierto esto—, una creación digna de tal nombre es un proceso que consiste, en primer lugar, en (i) el sondeo metasensorial, por parte de la mente, de aquello que se encuentra en una parte mucho más vasta del alma, mediante una percepción metasensorial; después, en segundo lugar, puesto que solo la vida puede crear algo que la sirva —el alma por sí sola es impotente para traer al mundo tales portadores y motores de vida—, a medida que sondeamos de este modo, en (ii) la metasimbiotización voluntaria del alma con el cuerpo, es decir, dejamos que tome posesión plenamente de nuestro cuerpo, de modo que entonces (iii) la extracción, por parte de la mente, de aquello que así se activa en nuestro ser —ser que, recordémoslo, es el resultado de la metasimbiosis entre nuestra alma y nuestro cuerpo— queda validada por nuestra conciencia, que sabe qué promueve la vida. Ahora bien, no todo tipo de creación promueve la vida de manera máxima, y evidentemente buscamos una creación que sí lo haga. A medida que se produce esta extracción, se ponen en marcha varios procesos. Por una parte, la activación del ser y cierto voluntarismo redoblado en la operación mediante la cual la mente extrae aquello que se mueve en nuestro ser activarán el centro de la intuición en nuestro cerebro y nuestra mente; a partir de ahí, durante todo el proceso de creación, este centro no dejará de estar activo como sostén principal del proceso, como marca definitiva de que este ha comenzado verdaderamente y continúa. Alrededor de este centro intuitivo se desplegará después toda una serie de dinámicas más o menos auxiliares, que diferirán de un tipo de creación a otro. Los tres tipos principales son el arte, la invención científica o técnica y la invención filosófica, que, a mi juicio, no tiene interés hoy y por siempre sino mediante una sujeción total y máxima del otro —y en todo el horror y el vértigo de nuestra aniquilación que ello puede hacer nacer en nosotros—.
Nota: He insistido en « plenamente » porque, cualquiera que sea el estado vital del individuo, el alma nunca está enteramente separada del cuerpo. Cuanto más cerca se está de la separación, más cerca se está de un estado de muerte-en-vida, potencialmente peligroso. Por otra parte, creo que el alma sencillamente no existe fuera de un cuerpo. En resumen, un alma puede existir mientras está dentro de un cuerpo; pero si, aun estando en su interior, se separa por completo de él, el individuo no vive: está muerto-en-vida. Y el ser, que es el estado básico de la vida, es la metasimbiosis más equilibrada entre el alma y el cuerpo.