El sentimiento de potencia y, sobre todo, en realidad, para el tema que nos ocupa, la expresión de potencia asociada, emanados de la alegría del ser, son, de todos, los más difíciles de hacer nacer, pues este nacimiento no es ni más ni menos que una resolución de la tensión más fuerte y dolorosa de la condición humana. Esta tensión es la siguiente: para mí, es ya una verdad tan sólida como 1 + 1 = 2 que la alegría originaria propiamente humana, fuente de cualquier otro tipo de alegría, es la alegría social, la alegría de interactuar con sus semejantes; pero el ascenso del sentimiento de potencia en uno mismo, premisa necesaria para cualquier acción —que corresponderá a la expresión de esa potencia que asciende en uno mismo—, hace que el ser humano sienta y, posiblemente, cobre conciencia de su individualidad, del hecho de que, como sujeto actuante, está, desde un punto de vista muy concreto, completamente solo, de que siempre se enfrentará a la posible oposición ajena en el plano de la voluntad, así como a la contradicción lógica por parte del otro, y de que esta oposición y esta contradicción pueden in fine obstaculizar su acción. Desde el momento en que el sentimiento de potencia asciende en el sujeto y este comienza a actuar, se plantea la cuestión —y de forma especialmente aguda si en efecto ha hecho nacer este sentimiento de potencia de la alegría de su ser— de si los demás lo seguirán en su acción o no, es decir, de si la alegría del ser tendrá alguna continuidad en la acción o no. Esta es, a mi juicio, la principal tensión de la condición humana: la alegría frente a la acción concreta encaminada a alcanzar un objetivo. Cuando el sujeto percibe que el sentimiento de potencia que intenta hacer nacer de la alegría de su ser no produce sino engendros —en general, porque no ha valorado suficientemente el punto de vista del otro y el hecho de que este participe en esa acción que tanto le importa—, es entonces cuando puede apartarse de esta dinámica de acción y producción, que, a mi juicio, es la única sana desde todos los puntos de vista humanos. A continuación, el sujeto deberá evaluar hasta qué punto está dispuesto a sacrificar la alegría de su ser y, por tanto, su salud primitiva propiamente humana para actuar con eficacia, explorando el despliegue de sentimientos de potencia que provendrían de otros sentimientos del ser.