El propósito de este texto es discutir el sentimiento de estar-vivo que proporciona o no el uso del Sistema 3 de David Bessis y, por consiguiente, su fecundidad, partiendo del uso personal que hago de este sistema, cada vez mayor desde hace ya algún tiempo en mis trabajos de investigación científica y filosófica. Antes de comenzar, recordemos que el Sistema 3 es aquel que se esfuerza por actualizar el Sistema 1 con los resultados obtenidos por el Sistema 2. Es un trabajo intenso y profundo, el más intenso y profundo de todos. También el más agotador. Guarda relación con la « rumiación » nietzscheana y, aunque en mucha menor medida, con la meditación.

Prosigamos. Cada vez inyecto la menor cantidad posible de energía en el Sistema 2 cuando lo utilizo: apenas el mínimo indispensable para producir resultados correctos. La inmensa mayoría de mi energía se concentra en el Sistema 3 in vivo, sin esperar. En cuanto el Sistema 2 produce un resultado, por pequeño que sea, el Sistema 3 se apodera de él, y ahí es donde se realiza el grueso del trabajo.

Las ventajas de esto son dos: al trabajar de este modo, los errores, lo que se ha comprendido, lo que ya se conoce y lo que es nuevo pueden identificarse con la mayor claridad y distinción posibles en todo momento. Por otra parte, el sentimiento de estar-vivo mientras se trabaja así también es muy intenso, porque solo este tipo de trabajo hace crecer al organismo, dado que el crecimiento pasa necesariamente por actualizar el Sistema 1 —al menos el crecimiento animal; el crecimiento propiamente humano merecería un análisis más amplio—.

En cuanto al segundo punto, Nietzsche mostró, en efecto, al superar la « voluntad de vivir » schopenhaueriana mediante la « voluntad de potencia » —cuya finalidad primordial, si no la única, es, recordémoslo, permitir que el individuo acceda a un sentimiento de potencia—, que no crecer equivalía a morir.

El trabajo del Sistema 3 es también un trabajo de transmutación del ser. Y aquí, para ir más lejos y decir algo verdaderamente preciso y útil, tendría que examinar cómo se articula la presente reflexión con mi teoría fundamental sobre las relaciones entre el ser y la potencia —teoría fundamental cuya dualidad básica no es obra exclusivamente mía, sino una obra conjunta con Alba Maria Tortosa Benito—.

Muy a menudo, los jóvenes científicos hacen funcionar el Sistema 2 a pleno rendimiento durante bastante tiempo, y solo después de haber producido numerosos resultados mediante ese Sistema 2 ponen en marcha el Sistema 3. Por mi parte, esta forma de trabajar me resulta cada vez más alienante, razón por la cual me alejo de ella.

La tensión de este texto es la siguiente: la lentitud, y por tanto la productividad en apariencia muy moderada, de la manera de utilizar el Sistema 3 que describo aquí debe entenderse, a mi juicio, a la luz del modo de vida tan poco filosófico de la sociedad en su conjunto. Lo que hay que comprender es que aquello que se ha producido de este modo se ha traducido inmediatamente en una transmutación y transformación del individuo, lo que por lo general no sucede con los métodos de trabajo habituales. Dicho de otro modo: después de una sesión de trabajo semejante, el individuo ya no es quien era antes de la sesión. Su instinto ha cambiado; sus reflejos han cambiado. El dolor que puede sentirse a causa de este desfase entre una productividad demasiado baja, a la vez específica e identificable por los demás, y la convicción cada vez mayor de que, en términos de crecimiento vital, la productividad es en realidad superior, constituye la tensión filosófica de este texto.